snapseed

 

Ya de pequeña, hablar múltiples idiomas siempre fue uno de mis sueños. Ser capaz de entender y hacerme entender en cualquier lugar del mundo era mi mayor objetivo. Quería ser capaz de entender la letra de las canciones de mis grupos favoritos, igual que a la gente en la calle y el porqué de sus expresiones. Prescindir de traductores lo antes posible y ganar la confianza e independencia necesaria para salir en busca de aventuras sin el miedo de encontrarme perdida o en apuros y no ser capaz de expresarme con la suficiente coherencia y fluidez.

Para ello, mis padres se vieron obligados a dejarse grandes cantidades de dinero en academias de idiomas, las cuales tan sólo me sirvieron para aborrecer una de mis grandes pasiones y dejarla aletargada durante los años posteriores. En la escuela, además, tenía la sensación de estar atrapada en una playlist de tan sólo una canción, lo que tampoco ayudó.

Después llegó la universidad, en la que escogí Turismo y creí que todos mis problemas se resolverían en un coser y cantar. Error. Tuve que gastarme dos veces el total de las academias para darme cuenta de que algo iba mal. Me creí incapaz, algo que refleje en mis notas, las cuales guardo como recordatorio de a dónde puedo llegar si algún día dejo de creer en mi misma.

Tuvieron que pasar dos años para que me diera cuenta de que no estaba yendo a ninguna parte y que, aun consiguiendo el diploma, sería el hazme reír de cualquiera con tan sólo probar mis habilidades lingüísticas. Entonces, opté por un cambio radical: cogí mis dos maletas y me marché lejos. A partir de aquí la historia ya os la sabéis.

A día de hoy, me encuentro trabajando en francés, estudiando en catalán y con un grupo de amigos dónde la lengua común es el inglés. ¡Ah! y también escribo en castellano, aunque a veces me dé por mezclarlo todo y quedarme bien agusto. ¿Quién dijo no puedo?

Aun así, el proceso no ha sido fácil y las horas malgastadas en repetir lo mismo que ya me habían enseñado por mili enésima vez antes de encontrar MI método, fueron muchas. Hablo de MI método porque soy partidaria de que cada persona tiene el suyo propio en cuanto a aprender un idioma se refiere, dependiendo de si se es más visual, auditivo o kinestésico.

Ahora bien, en mi caso, la parte visual y SOBRE TODO la auditiva jugaron un papel muy importante. Me di cuenta que lo que necesitaba no eran los mismos libros de gramática de siempre, sino cambiarlos por novelas y libros de autoayuda en inglés (y más tarde francés). Me hice prometer a mí misma que no volvería a ver una película doblada al español y básicamente, empecé a hacer absolutamente TODO en diferentes idiomas. A cada tarea le asigné uno, por lo que mientras cocino en francés, me tomo mis duchas con sus respectivos conciertos en inglés y por las noches, justo antes de irme a la cama, repaso mi día delante del espejo en ambos (a la hora de aclarar las ideas, dos trabajan mejor que uno).

Mi diario empezó a llenarse de escritos trilingües, mi habitación de post-its y los Podcasts se convirtieron en mis nuevos compañeros de piso. Me empecé a acercar a gente con la que poder practicar y, a base de listen-repeat y de no tener miedo a equivocarme tres veces en una misma frase, conseguí mi objetivo. En realidad, no dejé de hacer lo que ya hacía, sino que más bien le cambié el idioma y con ello transformé mí vida. Como bien dicen, lo importante no es el QUÉ sino el CÓMO.

Ahora bien, todo ese proceso me llevo a una sensación de cansancio constante y a múltiples migrañas, las cuales agradezco ahora, pero que en su momento hubiera ahogado bajo la almohada. El pasar de bilingüe a cuatrilingüe en poco más de dos años no es una tarea fácil y se debe estar preparado para el CAOS. Hablo de caos porque así es como definiría mi cabeza en estos momentos, en los que intento escribir en castellano, pero mi cerebro sigue lanzándome palabras en inglés/francés para que las añada, así sin más. Además, creo que también es importante hablar de PERDIDA, aquella que experimentas en tu idioma nativo y que tu madre, entre risas, te recuerda bien.

En definitiva, estos últimos años han sido un proceso exhausto de adaptación pero que me han servido para sentarme hoy a escribir y contaros que vale la pena. Que vale la pena aprender otro idioma y cuantos más, mejor. Que, al final, no se trata de un montón de palabras juntas con sentido y una bonita estructura, sino más bien de esencia cultural e historica, de música (todo idioma cuenta con su propia y única melodía). Aprender otra lengua es CONECTAR con otros mundos, los cuales parecían tan distantes y diferentes y que al final parecen propios.

Por eso y más, valió la pena.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s