Lo que no te cuentan de ser Au pair

¿YO, AU PAIR?

Si hace unos años me hubieran preguntado sobre el tema, sin duda esa habría sido mi respuesta. La verdad es que antes de decidirme por dar el salto y marcharme como Au pair, tuve que pensármelo dos veces, ya que mi relación con niños menores de 10 años siempre había sido un tanto complicada. Aun así, le quise dar una oportunidad. Total, se trataba de niños, tampoco iba a resultar tan difícil pensé…

ERROR. Es verdad que la experiencia ayuda, cuantos más niños has tratado y más años de paciencia has acumulado, más facilidades tienes para acabar consiguiendo las cosas a la primera. Pero seamos honestos, mi experiencia escaseaba y la palabra paciencia no ocupaba un bonito lugar en mi diccionario.

Ahora bien, ¿quién es la Aupair?. Dentro del perfil, solemos encontrar a jóvenes en busca de nuevas experiencias y un nuevo idioma, los/as cuales han tenido algún contacto con niños anteriormente (o no) y se creen capaces de lidiar con los de otros durante una temporada, que puede ir des de 1 mes (raramente) hasta al 1 año. Después, una vez pasado el período establecido con la familia, siempre te quedará la opción de repetir. Todo dependerá de lo fabulosa o catastrófica que haya sido tú experiencia. 

 

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LOS NIÑOS

En las familias que reciben Au pairs, los niños están acostumbrados al cambio y a la novedad, y como ya han pasado por otros/as como tu anteriormente, saben jugar su papel a la perfección. Tú, al no conocerlos, no tanto. Te pondran a prueba, vaya que sí lo harán, tirarán de la cuerda hasta conseguir llevarla a su terreno y te intentarán hacer ir por el camino que a ellos les interese. Todo se basa en saber jugar y contar con una buena táctica.

Existen niños fáciles y difíciles, familias buenas y otras complicadas. Se trata de una lotería en la que cuando escoges, nunca sabes si tu papeleta será la premiada.

En mi caso, cuento con dos experiencias como Au pair completamente opuestas. He pasado del salvajismo irlandés al exceso de perfeccionismo francés, del descontrol al exceso de control. Dos familias completamente diferentes con un punto en común: YO.

Ambas experiencias han resultado provechosas (aunque difíciles por momentos) y gratificantes. He tenido que adaptarme a dos maneras de hacer muy diferentes. En la primera, me sentí como la madre soltera que intenta poner orden y mantener una casa a la misma vez. Sin saber por donde empezar y a cargo de 4 niños rebeldes e incontrolables, con caracteres fuertes y necesidades completamente distintas. Con el handicap de la experiencia y la inocencia del principiante, la tarea no resultó sencilla. Batalla constante, reto diario.

En la actual familia, en cambio, siento que vivo una constante presión debido al estricto calendario y al amplio programa de actividades. Esquemas, rutinas y órdenes por cumplir. C’est tout.

 

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CIRCUNSTANCIAS

Como Aupair, debes saber que vas a enfrentarte a un abanico de circunstancias que es posible que no te hayas enfrentado antes y con las que, añadiendo la barrera del idioma, te va a costar.

Puede que vayas a enfrentarte a gritos, portazos y desobediencia; a que al castigar a uno de los niños, este acabe por escaparse por la ventana y salga corriendo hasta la carretera y, a consecuencia, debas hacerlo tú detrás; a que otro, aprovechando que tu te estas duchando, intente cocinar pasteles y acabe por llenar toda la cocina de huevos rotos, harina y especies varias; a que pinten las paredes y debas hacer lo nunca visto para intentar arreglarlo antes de que aparezcan los padres; a lavar caras llenas de chocolate (el cual les prohibiste comer), rodillas de barro y a coser pantalones rotos.

Puede que también vayas a enfrentarte a los manotazos entre hermanos, a los “no pienso hacerlo” y los “yo no he sido”. Tendrás que trabajar de psicóloga y de logopeda; de profesora e infermera, igual que de animadora y cocinera.

Vas a aprender a ser amiga y, a veces, enemiga; A guardar secretos o a inventarte excusas para no jugar más. Porque te has cansado. Porque llevas más de dos horas jugando al mismo juego que parece no tener fin. Porque necesitas uno o dos respiros. Y PUNTO. 

Vas a volver a leer historias de princesas y dragones, a dar millones de besos de buenas noches y los subtítulos se volveran tus mejores aliados a la hora de pasarte horas mirando dibujos animados.

Las tardes son largas y las probabilidades de un posible conflicto, elevadas. Y es por eso que una Au pair debe aprender a mantenerse firme en las rabietas del “NO puedes” y a las del “lo haces Y PUNTO”. Y saber que, por muy difíciles que se pongan las cosas, siempre habrá algo que las compense. (Siempre lo hay, créeme).

Aún así, cuando crees que lo peor ya ha pasado y que ya casi has acabado… ¡Ta tán! aparecen ELLOS por la puerta.

 

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LOS PADRES

Padres, ay los padres… Si hay algo peor que los niños, serán ellos. Ya puedes pasarte toda una tarde combatiendo con uno de sus hijos para que haga o coma algo, que cuando finalmente lo consigues, siempre aparecerán ellos para llevarte la contraria, lanzando todo tu esfuerzo a la basura.

Seres misteriosos que aparecen por casa ocasionalmente y con los cuales tienes que lidiar de todos modos. Con ellos y con su estrés/frustración post-trabajo. Y claro, ¿como le dices que su hijo se ha portado peor que nunca, que debería corregir esto y aquello…? ¡NO! no siempre puedes. Hay padres y padres. Con algunos se puede hablar y con otros directamente, NI LO INTENTES. Es fácil ser espectadora externa, verlo todo desde fuera y poder ligar rápidamente los comportamientos de los niños junto a los de sus padres, pero ¡atención! nunca, repito, NUNCA, pongas en cuestionamiento la educación que ellos les dan, o acabarás por entrar en un bucle de conflicto infinito e inútil. Eso sí, si los padres son muy geniales, tal vez podrías intentar introducir el tema sin que apenas se note.

Pero de verdad, intenta quedar fuera de todo eso, no te impliques más de lo necesario o tu experiencia se convertirá en un quebradero de cabeza innecesario. Total, tú tan solo te quedarás un temporada. Después vendrá otro/a, con nuevas reglas, costumbres y maneras de hacer totalmente diferente y les pondrá el mundo patas arriba. OTRA VEZ.

 

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LA CASA

Si vives en la casa junto a la familia, hazte respetar y haz que respeten tu espacio y tiempo libre. No caigas en sus trampas y les dejes jugar con tu tiempo como les dé la gana. Sí, eres su Au pair, pero eres mucho más que eso también. Házselo saber y construye una relación sana. Tú también cuentas.

Si no vives junto a ellos, BRAVO, es el sueño de toda Au pair, así que disfrútalo. Siempre se agradece tener un sitio propio donde huir y despejarse. Disfrutarás de tu intimidad, espacio, y te ahorraras un par de gritos matutinos. Al igual que no tendrás la necesidad de asistir a cada una de las fiestas familiares que tengan lugar en la casa (phew!).

CONCLUSIONES

Como bien dicen, cada niño es un mundo, un enorme mundo, al cual cuesta llegar a entrar y mucho más, integrarte hasta llegar a adaptarte.

Desde el momento en que pisas tu nueva casa, tu trabajo consiste en educarlos (más bien intentarlo), cumplir con un pesado calendario de citas y una larga programación de actividades. Hacer una serie de tareas del hogar (todo depende de la familia) y conseguir que los niños cumplan las suyas (y por las cuales deberás batallar). Eres madre, hermana, amiga, educadora y la figura con la que cuentan cuando sus padres no están.

Juegas un rol importante y debes jugarlo bien. Debes contar con iniciativa, carácter e improvisación. Debes saber improvisar en cualquiera de las circunstancias que puedan aparecer y saber sacar lo mejor de cada una de ellas. Debes crear vínculos, confianza. Abrirte a ellos y dejar que ellos lo hagan contigo. Constancia y tiempo es todo lo que se necesita, lo demás viene solo.

Se trata de una experiencia dura pero enriquecedora a la vez (y no hablo de dinero precisamente). Verás como se amoldan a ti y tú a ellos, como pasais de completos desconocidos a compañeros inseparables. Y cuando te marches, los echarás de menos…

A ellos y a vuestras infinitas peleas.

 

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