¡ME MUDO A PARÍS!

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Todo aquel que me conoce, sabe perfectamente que Francia jamás ha sido mi devoción. Ni los franceses me parecen la alegría de la huerta, ni su lengua la más sensual del mundo. No estoy al día con las tendencias de moda, la masificación turística me estresa (dijo ella viniendo de Barcelona) y no, ¡NO me gusta el queso!.

Por otra parte, París es sinónimo de inspiración, lo fue para Picasso y Rodin, entre otros centenares de artistas. Las películas basadas en la ciudad son infinitas (Amélie y Untouchables forman parte de mi lista de favoritas), el vino francés es excelente y el goûter, delicioso. París es una ciudad con clase y mucha historia. Cuna de la revolución francesa y paraíso literario desde hace décadas (¿a quién no le gustaría vivir en la ciudad que acogió a escritores como Víctor Hugo, Hemingway, James Joyce o Oscar Wilde?).

Dicho esto, ¿qué fué lo que me empujó a venir a la famosa Cité de la lumière (o de l’amour para los románticos)?.

 

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Bien, retrocedamos un poco en el tiempo. Era finales de enero, yo aún vivía rodeada de campos verdes, niños salvajes y pintas de Guinness. Una nueva familia se había mudado al vecindario, y lo poco que sabíamos de ella era que se trataba de un matrimonio franco-americano con 3 hijos y una Au pair (recién llegada de Chambéry). Eso, y que estaban preparando una fiesta de bienvenida (sí, de esas que salen en las películas americanas, donde familias de todo el vecindario se reúnen con la mejor de sus sonrisas y  grandes cantidades de comida, (¿alguien dijo comida?)).

La cuestión es que esa fiesta me dió la oportunidad de conocer a la que hoy puedo considerar una gran amiga, Candice. Hicimos buenas migas rápido y eso condujo a que, poco a poco, volviera a estar más en contacto con la lengua y la cultura francesa (la cual no tocaba desde hacía años) y que de allí, empezara a interesarme otra vez por ello.

Los meses siguieron pasando y el mes de mayo llegó. No me quedaban muchos más en la capital irlandesa y había llegado el momento de pensar en el ¿y ahora qué? que tan poco me gustaba.

Tenía claro que debía seguir estudiando después de un año de parón en la universidad, pero que no quería volver a hacerlo desde casa, quería seguir viendo y experimentando mundo. Eso me llevó a escoger la UOC (Universitat Oberta de Catalunya), la cual me permite estudiar a distancia compaginando trabajo y estudios. Hasta la fecha, creo haber acertado con mi elección.  

Ya tenía universidad, ahora me faltaba residencia. Tras varias noches de insomnio, mil tés de por medio y charlas inspiradoras con la familia de acogida de Candice, París fué mi elección. ¿Y quién me lo iba a decir a mi, eh?, ¿yo en Francia?, me resultaba hasta gracioso.

Como mi francés en aquellos meses no era suficientemente bueno (y sigue sin serlo,¡oh no!), decidí que Au pair volvería a ser la mejor de las opciones.

Con la mochila de experiencias un poco más llena, el añadido de la universidad y después de haber vivido en una casa con 6 personas más, mi lista de requisitos a la hora de buscar familia se empezaba a parecer a aquellas que solía hacer para Mr. Noel en mis tempranas navidades.

Esta vez, no quise comprometerme con ninguna agencia y decidí hacer las cosas por mi cuenta a través de la página https://www.aupairworld.com/es. Ésta, además de ser gratuita, me daba la opción a comparar familias y a poder hablar con diferentes a la vez (y para qué engañarnos, el factor lista no ayudaba, ninguna agencia la habría aceptado).

Probé suerte y envié varios e-mails. Y voilà! allí fue cuando me tope con lo que es mi actual familia. Las condiciones me parecieron inmejorables. Además de cuidar de dos niños (la mitad), contar con un horario bastante atractivo y muchas vacaciones, iba a vivir en mi propio apartamento (¿SOLA? oh si).

Aún a día de hoy, no tengo muy claro cuáles fueron las razones que impulsaron a la familia a escogerme a mí por encima de otras/os. Puede que fuera el factor lista/descripción, ya que causaba una impresión de “hey! ésta chica tiene las cosas claras en la vida!” (¡más quisiera!) o por el hecho de haber cuidado anteriormente de 4 criaturas y haberme convertido oficialmente en una SuperNanny.

Daba igual, la cuestión es que todo fluyó por sí solo y tuve suerte, mucha suerte.

Una vez cerrado el trato, vino el momento del papeleo infernal (y yo que pensé que el de Irlanda lo había sido, ¡santa inocencia!) y firma de contrato.

Mi aventura en Dublín acabó a finales de julio y después de casi un mes de vacaciones en Barcelona, emprendí, junto a mi padre, un roadtrip hasta París, pasando por algunos de los destinos más bonitos del país.

Así empezó mi nueva aventura. Nueva lengua, nuevas costumbres, nuevo estilo de vida. Mis percepciones de la ciudad han cambiado, mis prioridades también y cada día me sorprende más la capacidad de adaptación del ser humano.  

Para que luego digan que la gente no se cruza en nuestro camino por alguna razón…

À bientôt!

 

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Toni Ros dice:

    La Caddy Tramper ha sortit xulissima! Espero amb candeletes post del roadtrip….

    Me gusta

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