Marrakech, tierra de Dios

Hey there!

Hoy quiero hablaros de una de las ciudades que más impacto han causado en mí hasta el momento, Marrakech.

Ésta, es junto a Mequínez, Fez y Rabat, una de las cuatro ciudades imperiales de Marruecos y desde mi punto de vista, la más cosmopolita.

Mi decisión de embarcarme por primera vez en continente Africano surgió de la nada y por culpa de mi impulsividad a la hora de reservar vuelos de último minuto.

Recién acabados los exámenes de enero en la universidad, yo y mi mejor amigo, decidimos que ya era hora de volver a coger un avión de cara a febrero. En realidad desde un principio el destino no estaba claro, fue un poco al azar, como el juego de la ruleta. La idea era viajar al país donde en ese momento los vuelos desde Barcelona estuvieran más baratos, ¿y cual nos salió?, adivinarlo.

La emoción era máxima. Nuevo continente, nueva cultura, nueva religión.
En realidad nunca hubiera pensado en esta ciudad de primeras, pero el azar como he dicho, acertó por completo.

Aunque nuestra primera experiencia en la ciudad fue de noche y algo extraña, todo salió de maravilla durante el viaje.

¿Qué por qué extraña? Pues veréis, la anécdota es la siguiente:

Reservamos un Riad (casa árabe tradicional) dentro de la medina y cerca de la plaza central y más importante, Jamaa el Fna. Ya que nuestra hora de llegada era a las 11 de la noche con el cambio de hora, preferimos reservar un transfer que nos trasladara desde el aeropuerto hacia el mismo Riad. Además, nuestra hora de partida otra vez hacia Barcelona era a las 5 de la mañana, así que aprovechamos y reservamos el mismo para la vuelta. En total nos salió por unos 20 euros.
Una vez recién llegados al aeropuerto de Marrakech, nos encontramos justo en la salida a un hombre con un cartel en la mano y mi nombre escrito en él. Éste, nos hizo entrar en una furgoneta negra con los vidrios tintados y pudimos hablar mínimamente con él. El hombre, además de parecer algo nervioso y conducir la furgoneta a una velocidad excesiva, hablaba por teléfono constantemente, lo que nos hizo sentirnos un poco incómodos.
Una vez llegamos al destino, es decir, a la callejuela donde se encontraba el supuesto Riad, y hablo de callejuela, porque son estrechas y oscuras, cogimos todo el equipaje y nos vimos rodeado de solo hombres marroquíes en la calle, lo que me extraño bastante. Dicho esto y confiando en nuestro transfer, lo seguimos hasta que llegamos la puerta del Riad y allí nos encontramos la primera sorpresa del viaje. Ese Riad ya no existía, estaba cerrado, y sin tener que pagar nada nos trasladaban a otro que según el hombre del alojamiento (típico hombre mayor, con la típica vestimenta típica del país, larga barba blanca y bastón) estaba dos calles más lejos.
Lo que resultaban ser dos calles, fueron 15 minutos andando con el equipaje encima, o al menos e
so fue mi impresión, aunque que me estuviera muriendo de ganas por llegar puede que también influyese a mi percepción del tiempo.

Al fin llegamos al nuevo Riad (Riad Dar Sara), y aunque el Riad estaba situado en un
callejón sin salida y oscuro, el señor que nos atendió nos trato con total amabilidad. El Riad era precioso y mucho más de lo que esperábamos, así que en seguida nos sentimos a gusto, relajados, y el temor paso.
Con todas las comodidades posibles y rodeados de decoración árabe por todas partes, nos acabamos de instalar y no tardamos mucho en irnos a dormir para coger los siguientes días con fuerza y ganas.

 

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Después de la primera anécdota, los demás días fueron sobre ruedas. Marrakech nos hipnotizó con sus colores, olores y sabores.

La gente nos trató con total amabilidad y respeto, hicimos algún que otro amigo y tuvimos la oportunidad de adentrarnos en su cultura y costumbres. Y sobre todo, pudimos vivir de primera mano el famoso regateo y el por qué son los mejores en ponerlo en práctica. Sin duda, ¡son únicos y realmente buenos en ello!.

La ciudad de Marrakech me fascinó por su autenticidad. Llegó a encogerme el corazón. Además, es cierto que el olor que esa ciudad desprende es único y especial. Desde el momento en que aterrizas, hasta que te marchas, te ves envuelto en un perfume difícil de describir y que incluso serás capaz de oler durante los días posteriores a tu llegada a casa.

Y es que Marrakech, como primera experiencia en el continente Africano, es un apuesta segura y merece realmente la pena. Eso sí, tengo que añadir que me quede con un sabor agridulce del lugar, con un mixto de sensaciones por lo que acababa de ver y vivir. El contraste entre pobreza y riqueza es exagerado y hubiera dado cualquier cosa por llevarme algún que otro niño/a a casa.

Aun así, recomiendo totalmente esta ciudad en la caí sin ni siquiera tenerla en mente y a la que pienso, sin duda, volver a visitar otra vez.

Y ahora, basándome en mi experiencia personal, os voy a dejar una lista de visitas que no deberíais perderos y un par de consejos sobre la ciudad:

1. El atardecer en los JARDINES DE MENARA. Preciosas vistas al lago y a la Cordillera del Atlas.

 

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2. Un paseo en camello por el PALMERAL. Para todo aquel que no tenga la oportunidad de viajar al desierto, el Palmeral, es perfecto para dar un paseo en camello entre palmeras, y aunque no es lo mismo, es una experiencia bonita.

3. Un paseo por los JARDINES MAJORELLE. Se trata de unos jardines creados por el pintor francés Jacques Majorelle donde encontrareis multitud de plantas distintas.

 

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4. Tomarte el famoso té verde del HOTEL LA MAMOUNIA. Hay que reconocer que es algo caro para lo que suelen ser los precios en Marrakech, unos 6€, pero merece realmente la pena, es exquisito. Eso sí, en caso de que no queráis tomar nada, siempre puedes entrar al hotel y pasear por sus infinitos jardines para contemplar el lujo de uno de los mejores hoteles de África.

 

 

5. Pasear de noche por la plaza central JAMAA EL FNA y sentarte a cenar en alguno de los establecimientos de comida típica marroquí que por la noche montan. La comida es muy barata y exquisita.

 

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6. Perderte literalmente por el ZOCO. Un laberinto de tiendas donde encontraras de todo y te perderás por sus olores. Deja que jueguen al regateo contigo y diviértete probando a hacerlo tu también.

 

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7. Visita al PALACIO BAHIA, construido a finales del siglo XIX con el objetivo de ser el palacio más impresionante de todos los tiempos, y al PALACIO BADI, que aunque actualmente solo queden las ruinas de este, merece la pena visitarlo y darte a la imaginación de como de impresionante pudo haber sido en sus tiempos.

 

 

8. MEZQUITA DE KOUTOUBIA. Se trata de la mezquita más importante de Marrakech y una de las más importantes cuando se construyo.

9. Subir a alguna de las TERRAZAS de los Cafés de France o de la Plaza que podéis encontrar en medio de la plaza Jamma el Fna. Desde allí podéis observar el espectáculo y el ambiente que se crea, y también, tendréis vistas a la Cordillera del Atlas.

Y ahora mis consejos:

1. TRANSPORTE. Caminar. Caminar no hace daño a nadie y os ayuda a conocer más la ciudad. Aún así si queréis coger algún transporte para moveros, yo os recomendaría o bien las Calesas (carros tirados por caballos) o bien los taxis. Durante mi viaje yo cogí un par de taxis y hay que reconocer que los precios son realmente baratos, además, siempre puedes regatear el precio con el taxista al principio, hasta llegar a un acuerdo. Eso sí, si no quieres regatear precio y directamente os subís al taxi sin más, aseguraros que el taxista tenga el taxímetro activado, ya que no suelen ponerlo y eso acaba en confusiones respecto al precio final. Y por último, cuidado, los taxis vuelan y es posible que alguna que otra ocasión paséis un mal rato.

2. ROPA. Uno de mis grandes retos y dolores de cabeza a la hora de viajar a Marruecos fue que ropa llevar en la maleta sabiendo que viajo en pleno febrero. Pues os seré clara, si viajáis por aquella época, ni muy de invierno ni muy de verano, para ser exactos, como si estuvierais en plena primavera en Barcelona. Calor durante el día, aunque no exagerada, y fresco por las noches.

3. MONEDA. La moneda oficial del país es el Dírham, lo que implica que os tocara cambiar la moneda una vez lleguéis al país, así que aquí va mi consejo: no cometáis el error de cambiar la moneda en el aeropuerto, ya que suele ser poco favorable. Cambiar el dinero en las diferentes casas de cambio que hay por la plaza Jamaa el Fna, el cambio allí en mucho más agradecido.

4. AGUA EMBOTELLADA. Enserio, vigilar lo que bebéis, si no estáis acostumbrados a ese tipo de agua, no lo bebáis a menos que, solo queráis conocer de Marrakech los baño públicos.

En conclusión, espero que os hayan entrado ganas de viajar a esta ciudad con encanto especial tanto como a mí de volver a ella. ¿Y si no?, tranquilos, os dejo a continuación un par de fotografías de mi viaje para acabar de convenceros.

 

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Victor dice:

    Hola Marina,

    realmente me ha impresionado mucho tu relato sobre esta maravillosa ciudad. Fue uno de mis mejores viajes con la mejor de las compañías y estoy totalmente seguro de que volveré otra vez con la misma persona ya que está claro que me deje algunas cosas por visitar, como por ejemplo… dormir en el desierto.

    Tu blog es muy interesante y tus palabras sobre Marrakech me han llegado al alma!!

    Un beso muy grande

    Me gusta

    1. mibanez30 dice:

      Puedo pedir algo mas? creo que con amigos como tu no necesito nada mas en esta vida. Gracies per ser com ets. T’estimo 🙂

      Me gusta

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